EL MIEDO AL PAISAJE:
Después de leer el texto que nos propone Sibanko, y de aceptar que las realidades sociales nos varían la percepción subjetiva del paisaje, ejemplificado por la sociologa Alicia Lindón en paisajesinvisibles como casos particulares de barrios marginales periféricos de Ciudad de Méjico, en los cuales se ha extendido el "paisaje del miedo" como percepción del individuo generada por la experiencia, me gustaría hacerle varias acotaciones a propósito.
El paisaje está compuesto por acumulaciones, de esto parece que no tenemos duda, acumulaciones de experiencias, de sensaciones, en general acumulación de paisajes. En las periferias se acumula un paisaje muy característico de residuos sociales, una mezcla de recetas inacabadas y de descomposición de ingredientes. En estos paisajes tiene sentido hablar de lo material y lo no material en sentido estrictamente físico, las referencias abstractas las tenemos completamente perdidas debido a encontrarnos en un "paisaje del miedo", y es en este caso cuando estámos obligados a reconocer tangiblemente las acumulaciones presentes. Queda claro creo que el paisaje del miedo no es más que una incapacidad de reaccionar ante referencias abstractas, y no una falta de experiencia del paisaje en sí, o un exceso de referencia.
Como ya propone el texto parece que existe una secuenciación de imagenes de periferias que nos hacen reconocibles por su profusión en los medios de comunicación. Nos hace reconocer estas imagenes como "paisajes del miedo", puesto que es lo que estamos acostumbrados a ver. Sin embargo, existen unos códigos de los que hablaremos en próximos posts, que en pocas palabras son formas de entender o descifrar la información que nos pueda ofrecer un paisaje, y que en ocasiones no estamos dispuestos a aceptar. Este es el verdadero problema de las periferias, que no somos capaces de descifrar los códigos que nos ofrecen sus paisajes. Quizás sea esto lo que quiere entender por paisajes no visibles, aunque creo que su concepción sobre el tema se acaba quedando un poco encorsetada al referir como fin último el paisaje del miedo como decodificación reconocible en estos paisajes. No es que yo sea un místico ni mucho menos, pero sí creo que los códigos se pueden/deben interpretar independiemente de unas imagenes de televisión.
A propósito me gustaría hablar de mi experiencia en Turquía, concretamente en los alrededores de la Torre Galata, entre el Taxim y el puente Galata. Paseabamos una noche volviendo a casa desde el Taxim por los suburbios cercanos a este puente. Rápidamente los reconocímos como "paisajes del miedo" atravesando el puente Galata, en aquel momento tenía un aspecto desolador, había algunos pescadores, pero nada que ver con el bullicio de horas antes. Al fondo la Yeni Djami. Hubiese sido una pena no saber reconocer los códigos que nos estaba ofreciendo aquel paisaje, y entretenernos en descifrar las manías persecutorias que nos ofrecía el "paisaje del miedo".
Habla también de la experiencia del lugar, verdad es que un paisaje es reconocible a primera vista, y para que nos vaya ofreciendo información debemos entrar en una consonancia con él. O lo que es lo mismo empezar a reconocerlo como nuestro, esto depende por supuesto de la forma de enfocar nuestar aproximación al paisaje. Y en este sentido la invisibilidad de un paisaje para mucha gente es inevitable. Para otra dispuesta a reconocer un paisaje como tal y a conectarse para decodificarlo, no nos podemos permitir negarles el derecho a reconocer un paisaje como suyo usando la palabra "extrangeros" de forma tan despectiva, más cuando desde nuestro seno proponemos una aproximación al paisaje, y reconocemos que nos bombardean desde televisión con las imagenes de base de este sustrato, y podemos reconocerlas para desprotegerlas.
Ni mucho menos quiero decir con todo esto que me parezca desacertado, pero sí me lo parece la postura de que un paisaje del miedo sea capaz de cerrarnos los ojos y invisivilizarnos un paisaje al alcance de nuestra mano.



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